Censura
En 1557, el Papa Pablo IV publica el Index auctorum et librorum prohibitorum, también conocido como Índice Paulino e Index Expurgatorious.
Durante sus inicios, auspiciado por la Santa Inquisición y en un estado cuasi teocrático, estar incluido en esa lista era un más que serio problema. El autor debía defenderse ante un tribunal y aceptar las correcciones oportunas si no quería acabar en la hoguera.
Se publicó hasta 1966 cuando la Santa Congregación para la doctrina de la Fe lo suprimió aunque mantuvo si vigencia como índice moral.
Incluía todas las obras (y autores) perniciosos para la moral cristiana por atentar contra sus valores o cometer errores teológicos. Dicho así suena bastante mal, pero lo cierto es que cualquier perversión del orden teológico imperante o cualquier incitación al razonamiento bastaban para engrosar la lista. Así se explica la inclusión de filósofos como Kant, el Obispo Berkeley y
Spinoza, sobre los que no hay duda de su religiosidad y de aquellos otros que denunciaban las injusticias sociales (Victor Hugo, Diderot,…)
También son esclarecedoras las ausencias de la lista. Por ejemplo Mi lucha de Hitler.
Cuesta entender como una obra de denuncia social como Los Miserables de Victor Hugo es más perjudicial que otra que fomenta el imperialismo, el belicismo y la segregación racial. Pero éste es otro tema.
El motivo por el cual realizo este repaso histórico es una ley que se va a aprobar en Oklahoma y que obliga a las bibliotecas a separar aquellos libros de temática homosexual o sexualmente explícita, así como incluirlos anualmente en una lista para su correcta identificación.
Act. 16/03/06: Más de lo mismo: La American Library Association (ALA) publica su lista anual de los 10 libros con mayor número de quejas por parte de los lectores. De diez libros, siete figuran en la lista por quejas relativas a su contenido sexualmente explícito (dos son de sexología, con lo que resulta complicado evitar el tema).



Es complicado evitar el sexo siendo persona, pero los miembros de la Santa Iglesia lo siguen intentando.
Lo dijo Álvaro Roldán — 16-3-06 @ 10:06
Resulta paradójico condenar el mismo acto de creación. Lo que en realidad subyace es una condena del placer y una concepción de la vida como “valle de lágrimas”
Lo dijo documenta2 — 16-3-06 @ 10:20
Si la literatura es un fiel reflejo, o lo intenta, de una realidad cualquiera… ¿cómo eliminar el sexo? Ni las grandes novelas decimonónicas lo dejaron atrás, los silencios que subyacen, las expresiones de los protagonistas…
Lo dijo Texcatl — 16-3-06 @ 10:57
siempre se ha hablado del poder de la ALA, y detrás de esa lista de libros prohibidos hay un transfondo sociológico, político y como no religioso, que suele reflejar no las quejas de los lectores sino las del propio gobierno americano, por algo las asociaciones de bibliotecarios progresistas se quejan de estas actuaciones
Lo dijo jmcollado — 16-3-06 @ 13:21