6-6-06

Audiolibro

En su día comentamos sobre el librivox, hoy nos llega la noticia de un proyecto muy parecido pero realizado por dos jóvenes empresarios andaluces.
Escucha Libros, es una empresa con sede en Málaga, para la venta de obras literarias en formato audio. Su producción está destinada, principalmente a instituciones (académicas, bibliotecas, asociaciones,..). El objetivo es acercar la literatura a las personas que no pueden leer por alguna deficiencia visual (aproximadamente un 12,6% según estudios de los editores) y, de paso, integrar las nuevas tecnologías y formatos a la cultura.
Aún no han empezado a comercializar sus productos. En primer lugar grabarán y distribuirán obras de dominio público por las que no tienen que pagar derechos de autor. Posteriormente, dependiendo del éxito del proyecto, intentarán llegar a acuerdos con los escritores.

Otra solución para los que tengan cualquier tipo de deficiencia visual, aunque mucho menos asequible económicamente, es esta futurista noticia.

1-6-06

Doce razones

Vince McCaffrey, explica sus doce razones para la muerte de las librerias:

1. La Ley de Impuestos ( y los políticos, los abogados, los empresarios y los economistas que la han creado para su propio beneficio): una ficción legal de compañías con más derechos que cualquier ciudadano individual, que permite a las grandes cadenas hacer ingeniería impositiva y transforma la sana competencia en un chiste mientras transforma el mercado libre en una ruta oscura hacia un capitalismo de cuño desconocido.

2. Los editores que promocionan sus productos con las mismas técnicas usadas para el jabón de lavar o los cereales del desayuno, apuntando a la demografía en lugar de dirigiéndose a personas, buscando los beneficios inmediatos en lugar de considerar el futuro de la industria, ignorantes del arte de la tipografía, del oficio de la encuadernación, de las necesidades y leyes de la revisión, todo ello para hacer un producto adocenado de goma y tintas brillantes. Por ser ajenos a los 500 años de tradición, consiguiendo un resultado devastador.

3. Los compradores de libros: esos que desean la comodidad y el descuento de las grandes superficies, mucho más que lo bien hecho, lo polvoriento o lo único; los que compran libros por el precio en lugar de por el contenido y prefieren el brillo de la fama al matiz de lo bueno. Esos que han creado un mercado masivo para la vulgaridad, lo chillón y lo resplandeciente.

4. Los escritores que venden su alma a cambio de la publicación, los que escriben lo que ya se está escribiendo o eligen lo novedoso por el simple hecho de su novedad, que optan por alimentar las exigencias de los editores en lugar de hacer su trabajo hasta alcanzar la máxima calidad, los que ponen el estilo por encima de la sustancia, y los que carecen tanto de sustancia como de estilo… y aburren tanto a sus lectores que lo empujan en brazos de la televisión.

5. Los libreros que alimentan la demanda artificial creada por los departamentos de márketing con vistas a las ganancias rápidas; los que aceptan que los editores los traten como ciudadanos de segunda clase en la República del Libro; los que sólo recomiendan lo que está de moda en lugar de desarrollar el interés a largo plazo del lector… porque han contribuido a promover la falta de calidad en los contenidos y la muerte de la excelencia del libro.

6. El Gobierno (local, autonómico, central), que aplica impuestos exagerados a la propiedad comercial, echando fuera del ruedo a los negocios más pequeños y marginales, que son la semilla de cualquier empresa futura y el hilo que nos mantiene unidos al pasado, y de esta manera matan la personalidad de las ciudades que se llenan de gigantescas cadenas, unas iguales a las otras.

7. Los bibliotecarios, que alguna vez fueron los guardianes de los libros y hoy sólo miran y controlan sus presupuestos… porque destruyen libros que habrían durado varios siglos más para hacer espacio a discos y cintas que se desintegran en pocos años y en muchos menos se vuelven obsoletas.

8. Los coleccionistas, que han dejado de ser ratones de bibliotecas para convertirse en polillas sólo atraídas hacia lo que brilla; en otros tiempos centinelas de la obra de sus autores favoritos, hoy meros especuladores con el producto efímeros de la celebridad… porque han puesto los libros al mismo nivel que las muñecas Barbie.

9. Los maestros que recomiendan libros tópicos o basan sus recomendaciones en su propia pereza, en lugar de buscar lo mejor. Porque han fallado en pasar la antorcha de la civilización a la próxima generación.

10. Los revisores, que han olvidado el oficio de editar, porque se ponen al servicio del departamento de márketing y persiguen resultados rápidos y un nombre famoso o fácil de reconocer en lugar de buscar la calidad del contenido. Porque le ofrecen a los autores la ganga fáustica de la fama y la fortuna… mientras en público se rasgan las vestiduras.

11. Los críticos, por promover lo que ya ha sido publicitado, por encomiar con exageración a los ya consagrados con el objeto de llamar la atención sobre sí mismos, por hablar con autoridad eclesiástica de lo desconocido… y todo esto para que se les pague por palabra.

12. El público, el que no lee libros, el que no encuentra el momento; esos que viven a la luz temblorosa del televisor y serán los primeros en anunciar apocalípticamente el fin de la civilización… porque no han sido responsables de sus actos.

Como comprador, preferiría lo bueno y lo único pero ello tiene, lógicamente, un precio muy alto que mi limitada economía no puede costear. Así que me veo obligado a comprar fijándome en el precio (consecuencias de no llegar siquiera a mileurista).
Y qué decir del bibliotecario. Ofrece una imagen un tanto obsoleta de lo que es una biblioteca. Si el cometido de la biblioteca es conservar y difundir la información, lo hará teniendo en cuenta los soportes existentes para almacenarla, sean libros, discos o llaveros. En la medida de lo posible, la biblioteca como servicio público mantendrá todos aquellos materiales de interés para sus usuarios.
También resulta paradójico que al hablar de grandes superficies comerciales y demás se establezcan distintas clases de libros, pero a la hora de referirse a la biblioteca se hable del libro en general.
Si llegado el momento, el bibliotecario debe mirar por el presupuesto o hacer sitio a los discos lo hará retirando aquellos libros que, por su estado, obsolescencia, frecuencia de consulta o cualquier otro motivo similar, no se consideren necesarios.
Pero este proceso no es destrucción, aunque viene implícita, sino selección y es necesaria para mantener adecuadamente la colección, aunque solo sean libros.

Vía |Con Valor|

23-5-06

El Código, los móviles y las bibliotecas

El estreno de “El Código da Vinci“, ha sido junto con la victoria finlandesa en eurovisión, la noticia del fin de semana.
Tras el exagerado éxito del libro era de preveer semejante movimiento recaudatorio en los cines. Pese al nulo valor literario del libro y su aún peor rigurosidad histórica creía que, en cambio, si podía salir una película entretenida, sin pretensiones, y aceptable si tenemos en cuenta su interesante temática (conspiraciones, sociedades secretas, búsquedas de tesoros) y el dinamismo de la trama.
Por contra el resultado es un film aburrido, lento, con interpretaciones muy justitas (mal que me pese por mi admirada Audrey Tatou) y con un ritmo narrativo que no termina de enganchar.
Pero el motivo de este comentario no es criticar la película sino comentar un pequeño detalle de la misma que, por defecto profesional, me llamó la atención.
En el libro de Dan Brown (Capítulos 92 y 95) los protagonistas (Robert Langdon y Sophie Neveu, Tom Hanks y Audrey Tatou en la película) tienen que buscar información para solventar uno de los enigmas sobre el Grial. Y que mejor sitio que una biblioteca.
Como el enigma en cuestión es acerca de un caballero enterrado por el Papa en Londres, acuden a la Biblioteca del Instituto de investigación de teología Sistemática, considerada una de las bibliotecas especializadas más completas y electrónicamente avanzadas del mundo.
Allí la amable bibliotecaria, cumpliendo con celo su cometido profesional, logra determinar, tras las pertinentes preguntas, las necesidades informativas reales de los protagonistas. Gracias a su ayuda, la excelente base de datos, un poco de serendipia y, por supuesto, el genio incomparable de Robert Langdon, logran resolver el enigma.

Ahora bien, todo este proceso (dos capítulos del libro nada menos) se sustituye en la película por una simple consulta al móvil. Durante un trayecto en autobús (la biblioteca les pillaba muy lejos), Sophie Neveu/Audrey Tatou tira de encanto para seducir a un joven iluso que, maravillado por su belleza y en plena efervescencia hormonal decide dejarles su teléfono para que accedan a internet y puedan resolver el enigma. Además, es precisamente este joven quien les asesora en la búsqueda.

Los motivos de este cambio argumental están bien claros: La productora de la película es Sony y el teléfono era un Sony-Ericsson (huelga decir que todos los móviles que aperecen en la película son de la misma marca).

Sin embargo, motivos espúreos fuera, se refleja una tendencia más que evidente a la hora de sustituir a la anticuada y obsoleta biblioteca (por muy moderna y dotada que sea) por una conexión a internet. Cada vez son más los usuarios que reconocen sentirse perdidos a la hora de buscar información en una biblioteca, por lo que prefieren la sencillez y simplicidad de buscadores como google.

Al menos no se aprovechan de los jóvenes en un autobús creando falsas expectativas.

21-3-06

El libro del millón

Hace unos dos años, Michael Stadther publicó “A treasure’s trove“, traducido, algo así como una búsqueda de tesoros. Era un libro que contenía pistas sobre la localización de distintas monedas o fichas, a lo largo y ancho de los EEUU, con la representación de los personajes del libro. Lo peculiar del asunto es que esas monedas podían ser canjeadas posteriormente por joyas, la más valiosa de todas alcanzó los 450.000$.
Ahora está prevista, para septiembre, la secuela de tan peculiar juego y nada menos que a escala mundial. Se trata de “Secret of the alchemist dar“, donde nuevamente incluye acertijos para encontrar hasta 100 piedras preciosas repartidas por todo el mundo. Esta vez la más valiosa alcanza los 530.000$ y el valor total de la colección es de casi dos millones de dólares.
La idea está inspirada en la obra de Kit Williams “Masquerade“, publicada en 1979, que proporcionaba pistas sobre la localización de un tesoro oculto(otra joya) en Inglaterra. Durante dos años la gente se dedicó a excavar la mayoría de los campos ingleses, hasta que finalmente apareció oculta bajo una cruz de piedra en Ampthill (Bedfordshire).
Ni que decir tiene que tanto la obra de Williams, en su día, como la de Stadther cuentan por millones los ejemplares vendidos.
El mundo está loco, loco, loco.

Más detalles: The Guardian y CBS News

15-3-06

Censura

En 1557, el Papa Pablo IV publica el Index auctorum et librorum prohibitorum, también conocido como Índice Paulino e Index Expurgatorious.
Durante sus inicios, auspiciado por la Santa Inquisición y en un estado cuasi teocrático, estar incluido en esa lista era un más que serio problema. El autor debía defenderse ante un tribunal y aceptar las correcciones oportunas si no quería acabar en la hoguera.
Se publicó hasta 1966 cuando la Santa Congregación para la doctrina de la Fe lo suprimió aunque mantuvo si vigencia como índice moral.
Incluía todas las obras (y autores) perniciosos para la moral cristiana por atentar contra sus valores o cometer errores teológicos. Dicho así suena bastante mal, pero lo cierto es que cualquier perversión del orden teológico imperante o cualquier incitación al razonamiento bastaban para engrosar la lista. Así se explica la inclusión de filósofos como Kant, el Obispo Berkeley y
Spinoza, sobre los que no hay duda de su religiosidad y de aquellos otros que denunciaban las injusticias sociales (Victor Hugo, Diderot,…)
También son esclarecedoras las ausencias de la lista. Por ejemplo Mi lucha de Hitler.
Cuesta entender como una obra de denuncia social como Los Miserables de Victor Hugo es más perjudicial que otra que fomenta el imperialismo, el belicismo y la segregación racial. Pero éste es otro tema.
El motivo por el cual realizo este repaso histórico es una ley que se va a aprobar en Oklahoma y que obliga a las bibliotecas a separar aquellos libros de temática homosexual o sexualmente explícita, así como incluirlos anualmente en una lista para su correcta identificación.

Act. 16/03/06: Más de lo mismo: La American Library Association (ALA) publica su lista anual de los 10 libros con mayor número de quejas por parte de los lectores. De diez libros, siete figuran en la lista por quejas relativas a su contenido sexualmente explícito (dos son de sexología, con lo que resulta complicado evitar el tema).

28-2-06

Kit Cultural

El kit cultural para los nuevos andaluces, es una iniciativa conjunta de la Consejería de Cultura y la de Salud de la Junta de Andalucía, enmarcadas dentro del Plan Integral para el impulso de la lectura en Andalucía.
A partir de hoy, 28 de febrero, se entregará a los padres de todos los recién nacidos en Andalucía. Se distribuye en los hospitales públicos y concertados. En los privados se hará a través de las delegaciones provinciales de Cultura.
El Kit contiene, entre otros: Un cuento, un CD con narraciones y un precarné de biblioteca.
Para los especialistas la lectura en voz alta a los recién nacidos, es decir acostumbrarlos a escuchar la narración de cuentos, les sirve para mejorar su lenguaje y vocabulario, así como para fomentar su hábito lector.
Es una iniciativa curiosa y está por ver si será efectiva, pues la educación depende mucho del ambiente, pero lo que no cabe duda es que es necesaria.

24-2-06

Lib-dating

El lib-dating es un sistema de citas rápidas, con los libros como telón de fondo, que han creado dos bibliotecarios belgas: Eric Van der Straeten y Danny Theuwis.
Las citas tienen lugar en la Perneke Library (Antwerp), donde ambos trabajan.
Todo se prepara convenientemente para crear el ambiente adecuado. Las mesas se adornan con flores, se iluminan a la luz de las velas y se ofrece una copa de vino a los asistentes. Para favorecer la intimidad del evento, la asistencia está limitada a veinte personas.
El procedimiento es el siguiente:
Cada participante tiene diez minutos para presentarse al resto del grupo. Previamente, han cogido un papel con preguntas del tipo ¿Cuál es tu libro favorito y por qué?, que sirve a su vez de excusa para relacionarse con los asistentes.
Acto seguido se pasa a comentar los libros que han traido y compartir, individualmente, sus impresiones. Disponen de unos minutos antes de pasar al siguiente compañero.
Al finalizar la sesión, los participantes escriben en una nota el nombre de la persona que les gustaría volver a ver.
Esta nueva cita puede ser en la biblioteca…o no.

De momento, la iniciativa ha tenido muy buena acogida. Se está formando a más de 300 bibliotecarios belgas para que apliquen esta iniciativa en sus respectivas bibliotecas.
Por un lado se cambia el concepto de biblioteca como lugar solitario y aburrido. Por otro se consigue captar nuevos usuarios y, quizás, crear nuevas parejas.

Vía|Library Journal
Más Información: |Associated Press|

13-2-06

La anilla misteriosa


En los últimos años se ha descubierto en algunas bibliotecas norteamericanas un misterioso dispositivo consistente en una anilla de fino alambre sujeta al lomo del libro.
La finalidad de tan rudimentario invento aún no ha sido aclarada. Puede ser un artesanal sistema antirrobo o una forma de marcar las páginas.
Sin embargo, los especialistas no se ponen de acuerdo en la verdadera utilidad de tan enigmático artefacto. Por ello solicitan la colaboración de aquellas bibliotecas que encuentren entre sus fondos ejemplares con tan extraño dispositivo.

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