Transmisión de documentos
Hoy en día los nuevos modelos de comunicación nos permiten acceder a información de cualquier parte del mundo de manera instantánea.
Podemos acceder a periódicos de todo el mundo en ediciones actualizadas constantemente. Las empresas, a través de sus intranets corporativas, fax o medios similares, ponen la información a disposición de sus empleados en cualquier parte del planeta.
La información siempre ha sido valiosa y la necesidad de disponer de ella de forma rápida y efectiva ha existido siempre. Por ello a lo largo de la historia se han ideado diversos métodos para conseguir este propósito.
Uno de ellos, bastante curioso, tiene su origen en un concepto que tanta polémica originó entre los filósofos de la antigüedad (Aristóteles negaba su existencia): El vacío.
Hablamos del tubo pneumático. El invento era tan simple como efectivo:
Se establecían, dentro de un tubo, diferentes presiones de aire, por medio del bombeo del mismo desde uno de sus extremos. Así, se provocaba un efecto succionador, de tal modo que un objeto colocado en uno de los extremos del tubo sería succionado hacia el opuesto.
Esta idea fue concebida en el siglo XVII por el francés Denis Papin y perfeccionada y puesta en práctica un siglo más tarde por el científico inglés George Medhurst, quién añadió unas cápsulas en las que transportar cartas u otros objetos. Incluso planeó la posibilidad de transportar a personas aunque, ante la lógica duda de que resultase cómodo viajar en cápsulas cerradas, desistió de un proyecto que, posteriormente, retomaría con éxito John Vallence, creando el tren atmosférico.
La creación del correo pneumático, en cambio, se atribuye al ingeniero escocés William Murdoch, cuyo sistema para el envío de correo a través de bombas de vacío fue desarrollado por la London Pneumatic Dispatch Company.
La primera puesta en práctica, oficial, de este método de envío tuvo lugar en 1853 cuando J. Latimer Clark envío mensajes (transcritos del telégrafo) de la London Stock Exchange a la sede central de la Electric Telegraph Company.
Desde entonces y hasta bien entrado el siglo XX, se instalaron conductos en el interior de los edificios corporativos (empresas, ministerios,…) y en el subsuelo de las calles, todo ello formando una gran red. Se dice que la ciudad de Londres tenía una red pneumática de unos 56 kilómetros. Como es lógico, cuanto más abundante y compleja fuese la documentación generada por la institución tanto más sería, en consecuencia su red, de transporte de documentos.

Estación de Recepción y envío, años 40. Copyright: Principal Financial Services, Inc.
Cartas, documentos, mapas, planos,…En definitiva cualquier objeto que pudiera ser introducido en la cápsula podía ser enviado al otro lado de la red. Las ventajas eran numerosas: Un sistema sencillo, rápido (no en la concepción actual) y barato.
En cuestión de minutos, la información de importancia podía estar en cualquiera de las oficinas comunicadas por la red.
El perfeccionamiento del telégrafo, la llegada del teléfono, teletipos y demás terminaron con la red de tubos. Sin embargo en ciudades como París, una de sus redes llegó a estar en uso hasta 1983 cuando fue, definitivamente, sustituida por ordenadores y fax.
Aún hoy se sigue utilizando este sistema en sitios como almacenes, para el envío de materiales y/o mercancía entre depósitos y en supermercados para el envío de la recaudación de caja a contabilidad.
Fuente (y más información): Tecnología Obsoleta


